La Murcia Desaparecida, volumen 108: plaza Santa Eulalia.
La plaza de Santa Eulalia es uno más de los ejemplos notorios de esa acusada desfiguración urbana sufrida en la ciudad no sólo por la desaparición de un vasto número de los edificios históricos que la engalanaban sino también por la terrible desproporción de los que los sustituyeron.
Los pequeños edificios de dos o tres alturas que no sobrepasaban la altura máxima de la fachada principal de la parroquia, auténtica protagonista de la plaza, fueron sustituidos por mamotretos que la pasaron con creces. Además de la iglesia de Santa Olaya de los Catalanes (como se conoció en origen), en la plaza se mantiene hoy en pie la pequeña ermita de San José, mandada levantar por el gremio de los carpinteros, para honrar a su patrón, de manera anexa a la iglesia de Santa Eulalia en siglo XVII.
También se mantiene, en parte (ya que la fuente que lo rodeaba se eliminó hace unos años) el monumento al más ilustre hijo de las Artes murcianas: Francisco Salzillo y Alcaraz, que tallara el escultor Sánchez Araciel a finales del siglo XIX. Al fondo se puede observar el desaparecido edificio que durante años ocupó la casa cuartel de la Guardia Civil, en la esquina entre las calles Cánovas del Castillo y de las Balsas (hoy Joaquín Costa).




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